sábado, 12 de noviembre de 2011
Una fantasía alérgica a los clichés.
Coincidencias.
“En busca de lo equivocado encuentras lo correcto”. Eso me dije cuando buscaba desesperadamente un cintillo para el cabello y como del cielo -del closet- cayó un gancho. Siempre me pongo a pensar cosas que se originan de lo que muchos pudiesen llamar “vacíos”. Es como si crecieran un árbol y sus ramas de raíces muertas. Soy feliz con eso. Pero también soy infeliz con eso. Mi bendición y mi maldición: Pensar de más; tomarme todo demasiado en serio. Por ejemplo en este momento no tengo tiempo de andar pensando en lo genial que es haber encontrado un gancho cuando tanto lo necesitaba, puesto que debería estar corriendo al auto para no llegar tarde de nuevo un miércoles.
-¿De nuevo esa música?- Me preguntó mi papá.
-Sip- Dije, mientras presionaba el botón para que sonara por enésima vez el CD de Red Hot Chili Peppers.
No es que acordáramos mucho en gustos musicales, él prefería escuchar esas canciones típicas y viejas, que tanto le recordaban a su infancia montando a caballo y divirtiéndose al aire libre con sus primos. Esa infancia que yo siempre deseé tener. Siempre he dicho que a mi generación (a unas cuantas anteriores y a todas las siguientes) le robaron la infancia. Nunca salí a pasear en bicicleta a una calle de mi urbanización, nunca jugué al futbol o al baseball con una chapa ni corrí con mis vecinos o jugué al escondite con ellos. Ni siquiera conozco a mis vecinos. En lugar de mis vecinos tenía amigos imaginarios y al montón de adultos que me rodeaban y consentían. Lo más cercano que tuve a una de “esas” infancias fueron mi nintendo color y un monopatín que hizo mi vida muy feliz con sus ruedas que tenían lucecitas parpadeantes. Ahora tenemos iPads, iPods y teléfonos inteligentes, pero yo sigo queriendo pasear en bici y rasparme las rodillas de tanto correr.
Lo último que escuche antes de bajar del auto fueron las trompetas de mi canción preferida del CD. Me baje bailando y me dirigí directo a la cancha, puesto que ya eran las 7:10 e iba tarde. En el camino me puse a pensar en lo mucho que extrañaba la pollina cayendo en mi cara los miércoles luego de la clase de educación física, y en lo mucho que pesaba el bolso, y que debía parecer una tortuga con él encima, puesto a que soy muy bajita, y el morral simplemente demasiado grande. Seguí bailando, mientras agitaba mi pelo castaño claro-casi rubio al ritmo de la canción que había quedado atrapada en mi cabeza. Al llegar todas mis compañeras estaban estirando, así que amarré la pollina con el gancho que mágicamente había aparecido en la mañana y me incorporé rápidamente.
La clase transcurrió normalmente, entre bromas con mis amigas del “nuevo salón”, canciones y tonterías. Aun el año estaba empezando, incluso cuando el lapso estaba terminando; pero ya yo quería a mis amigas del nuevo salón, siempre nos divertíamos, y eso estaba bien. Cuando fuimos al baño para “volver a ser personas presentables” empezamos a hablar de quien sería la madrina del salón para los juegos este año. Ya yo sabía lo que iba a pasar. Iban a elegir a una de mis mejores amigas, ella siempre se reía y era divertida, además de extremadamente inteligente. Ni siquiera dije una palabra, sabia que iba a ser así. Yo también soy de buen promedio, pero confío más en mis dones “extracurriculares” que en un número. Cantar, escribir y bailar no están mal, ¿o sí? La verdad es que no me importa decir que estoy muy orgullosa de ser buena pensando y de estar loca, no me imagino como una persona normal. No puedo ser normal. Lo normal es aburrido en grado infinito.
Cuando sonó el timbre del receso salí corriendo a comprar mi comida, pero en el camino escuche un “Hey, Clara”. Precisamente lo dijo la única persona por la cual me detendría. Cuando me volteé lentamente para hacérmela de la interesante, allí estaba él. Sus ojos miel me miraron y me detuve como cada día, que parecía un cuento de hadas diferente. Después de casi un año jugando al gato y al ratón ya era costumbre que se me acelerara el corazón cada vez que me veía, y todos sabían que a él le pasaba lo mismo. Cuando nuestras miradas se cruzaron nos reímos y nos acercamos lentamente. Al parecer nuestros ojos habían entablado una conversación antes que nosotros mismos y no podíamos dejar de mirarnos.
-Hola- Me dijo mirándome de arriba abajo y sonriendo tiernamente
-Pareces una tortuguita-
Fue ahí que note que aun tenía el bolso encima y me eche a reír.
-¿Te parece? Yo creo que me veo como una princesa- Dije usando un tono casi
insoportable de sarcasmo.
-Te ves adorable, como siempre- me dijo tomándome la mano.
Cuando subió su mano junto con la mía note que tenía un lunar de forma muy peculiar. Podría jurar que no lo tenía antes, pues nunca lo había visto. Era un circulo, y tenía una media luna perfecta alrededor.
-¿Qué es e…-
Sonó el timbre de entrada, como si hubiese conspirado contra mí para que no pudiese hacer mi pregunta.
-Tengo que irme, voy mal en química y si llego tarde… Pues tu sabes-
Me dio un beso en la mejilla antes de que pudiese decir una palabra y se fue. Yo camine lentamente e hipnotizada, pensando en como podía la forma de un lunar ser tan perfecta, incluso llegue concluir que quizás era un dibujo muy bien hecho. Luego pensé que era tan natural que era imposible.
Llegue al salón y el profesor de castellano empezó a contar una historia sobre mundos y dimensiones paralelas que aparecían en cuentos. Nos repartió a todos unas hojas con una de estas dimensiones diferentes para que leyéramos e investigáramos, y la clase siguiente hiciéramos una micro-exposición. Ojeándola encontré algo que me sorprendió. En una de las hojas estaba impresa una imagen idéntica al lunar de Chris. “Dimensiones del subconsciente” decía el título de el grupo de hojas engrapadas. No podía hablar con Chris inmediatamente, primero tenía que investigar por mi cuenta para luego poder armar un buen interrogatorio y obtener la información que quería.
“En busca de lo equivocado encuentras lo correcto”. Eso me dije cuando buscaba desesperadamente un cintillo para el cabello y como del cielo -del closet- cayó un gancho. Siempre me pongo a pensar cosas que se originan de lo que muchos pudiesen llamar “vacíos”. Es como si crecieran un árbol y sus ramas de raíces muertas. Soy feliz con eso. Pero también soy infeliz con eso. Mi bendición y mi maldición: Pensar de más; tomarme todo demasiado en serio. Por ejemplo en este momento no tengo tiempo de andar pensando en lo genial que es haber encontrado un gancho cuando tanto lo necesitaba, puesto que debería estar corriendo al auto para no llegar tarde de nuevo un miércoles.
-¿De nuevo esa música?- Me preguntó mi papá.
-Sip- Dije, mientras presionaba el botón para que sonara por enésima vez el CD de Red Hot Chili Peppers.
No es que acordáramos mucho en gustos musicales, él prefería escuchar esas canciones típicas y viejas, que tanto le recordaban a su infancia montando a caballo y divirtiéndose al aire libre con sus primos. Esa infancia que yo siempre deseé tener. Siempre he dicho que a mi generación (a unas cuantas anteriores y a todas las siguientes) le robaron la infancia. Nunca salí a pasear en bicicleta a una calle de mi urbanización, nunca jugué al futbol o al baseball con una chapa ni corrí con mis vecinos o jugué al escondite con ellos. Ni siquiera conozco a mis vecinos. En lugar de mis vecinos tenía amigos imaginarios y al montón de adultos que me rodeaban y consentían. Lo más cercano que tuve a una de “esas” infancias fueron mi nintendo color y un monopatín que hizo mi vida muy feliz con sus ruedas que tenían lucecitas parpadeantes. Ahora tenemos iPads, iPods y teléfonos inteligentes, pero yo sigo queriendo pasear en bici y rasparme las rodillas de tanto correr.
Lo último que escuche antes de bajar del auto fueron las trompetas de mi canción preferida del CD. Me baje bailando y me dirigí directo a la cancha, puesto que ya eran las 7:10 e iba tarde. En el camino me puse a pensar en lo mucho que extrañaba la pollina cayendo en mi cara los miércoles luego de la clase de educación física, y en lo mucho que pesaba el bolso, y que debía parecer una tortuga con él encima, puesto a que soy muy bajita, y el morral simplemente demasiado grande. Seguí bailando, mientras agitaba mi pelo castaño claro-casi rubio al ritmo de la canción que había quedado atrapada en mi cabeza. Al llegar todas mis compañeras estaban estirando, así que amarré la pollina con el gancho que mágicamente había aparecido en la mañana y me incorporé rápidamente.
La clase transcurrió normalmente, entre bromas con mis amigas del “nuevo salón”, canciones y tonterías. Aun el año estaba empezando, incluso cuando el lapso estaba terminando; pero ya yo quería a mis amigas del nuevo salón, siempre nos divertíamos, y eso estaba bien. Cuando fuimos al baño para “volver a ser personas presentables” empezamos a hablar de quien sería la madrina del salón para los juegos este año. Ya yo sabía lo que iba a pasar. Iban a elegir a una de mis mejores amigas, ella siempre se reía y era divertida, además de extremadamente inteligente. Ni siquiera dije una palabra, sabia que iba a ser así. Yo también soy de buen promedio, pero confío más en mis dones “extracurriculares” que en un número. Cantar, escribir y bailar no están mal, ¿o sí? La verdad es que no me importa decir que estoy muy orgullosa de ser buena pensando y de estar loca, no me imagino como una persona normal. No puedo ser normal. Lo normal es aburrido en grado infinito.
Cuando sonó el timbre del receso salí corriendo a comprar mi comida, pero en el camino escuche un “Hey, Clara”. Precisamente lo dijo la única persona por la cual me detendría. Cuando me volteé lentamente para hacérmela de la interesante, allí estaba él. Sus ojos miel me miraron y me detuve como cada día, que parecía un cuento de hadas diferente. Después de casi un año jugando al gato y al ratón ya era costumbre que se me acelerara el corazón cada vez que me veía, y todos sabían que a él le pasaba lo mismo. Cuando nuestras miradas se cruzaron nos reímos y nos acercamos lentamente. Al parecer nuestros ojos habían entablado una conversación antes que nosotros mismos y no podíamos dejar de mirarnos.
-Hola- Me dijo mirándome de arriba abajo y sonriendo tiernamente
-Pareces una tortuguita-
Fue ahí que note que aun tenía el bolso encima y me eche a reír.
-¿Te parece? Yo creo que me veo como una princesa- Dije usando un tono casi
insoportable de sarcasmo.
-Te ves adorable, como siempre- me dijo tomándome la mano.
Cuando subió su mano junto con la mía note que tenía un lunar de forma muy peculiar. Podría jurar que no lo tenía antes, pues nunca lo había visto. Era un circulo, y tenía una media luna perfecta alrededor.
-¿Qué es e…-
Sonó el timbre de entrada, como si hubiese conspirado contra mí para que no pudiese hacer mi pregunta.
-Tengo que irme, voy mal en química y si llego tarde… Pues tu sabes-
Me dio un beso en la mejilla antes de que pudiese decir una palabra y se fue. Yo camine lentamente e hipnotizada, pensando en como podía la forma de un lunar ser tan perfecta, incluso llegue concluir que quizás era un dibujo muy bien hecho. Luego pensé que era tan natural que era imposible.
Llegue al salón y el profesor de castellano empezó a contar una historia sobre mundos y dimensiones paralelas que aparecían en cuentos. Nos repartió a todos unas hojas con una de estas dimensiones diferentes para que leyéramos e investigáramos, y la clase siguiente hiciéramos una micro-exposición. Ojeándola encontré algo que me sorprendió. En una de las hojas estaba impresa una imagen idéntica al lunar de Chris. “Dimensiones del subconsciente” decía el título de el grupo de hojas engrapadas. No podía hablar con Chris inmediatamente, primero tenía que investigar por mi cuenta para luego poder armar un buen interrogatorio y obtener la información que quería.
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Quizás sea un atrevimiento de mi parte dejar un comentario en tu blog sin previo aviso.. Quizás sean cosas que el destino se encarga de atravesarnos en el camino con la mala intención que lo caracteriza y así obligarme a dejar una marca que justifique que "la curiosidad puede terminar matando al gato, como siempre".. Sin embargo, después de leer algo como lo que has escrito es menester decir públicamente que la narración es excelente... Hay un potencial literario GENIAL en la escritura.. Estoy admirado.. Piensa muy bien en lo que quieres ser el futuro.. Yo auguro que podrás ser una gran narradora..
ResponderEliminarSin duda la vida siempre consigue una razón para que te concilies con ella...
Escribe, escribe, lee y sigue escribiendo.. No pares de hacerlo.. Deja que las musas sigan siempre a tu lado... Me gusta!!!!!